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La parábola del caucho nuevoEl Reino de Dios es semejante a un experto científico que ha inventado un caucho muy especial...
Un grupo de investigadores franceses ha inventado un material que es capaz de repararse a sí mismo en caso de ser cortado en dos. BBC Ciencia 21 de febrero de 2008 Según la revista científica Nature, esta sustancia tiene la habilidad de producir superficies, que al ser cortadas, conservan una fuerte atracción química entre ambas partes. Las piezas vuelven a juntarse sin necesidad de pegamento o de un tratamiento especial, como si nunca hubieran sido separadas. Esta extraordinaria característica se logró gracias a una cuidadosa ingeniería de las moléculas en el material. El secreto de la sustancia radica en la manera en cómo se sostienen las moléculas entre sí. Según el doctor Ludwik Leibler un pedazo de caucho común es en realidad una molécula con millones de millones de pequeñas unidades que están soldadas químicamente para formar una enmarañada red. La elasticidad se produce gracias a que los ramales de la red están sujetos como en un acordeón: al estirarlos se alargan, y al soltarlos vuelven a su forma original. Sin embargo al romper el caucho (y la mayoría de cuerpos sólidos), se quiebran también las sueldas químicas, conocidas como enlaces covalentes. La técnica ha consistido en reemplazar los enlaces covalentes con conexiones más débiles conocidas como enlaces de hidrógeno, que son como pequeñas “manos” pertenecientes a moléculas vecinas, que se toman una de la otra, pero que se sueltan al ser cortadas. Es así que el doctor Leibler se dio cuenta que el nuevo caucho no sólo podría ser reciclado y reformado cuantas veces se necesite, sino que al romperse, separarse o cortarse, las manos estarían estiradas, listas para volver a juntarse.
Antes de encontrar el Amor de Dios en nuestra vida percibías tu corazón como el caucho convencional. Por ejemplo, al “cortar” con una persona, te parecía imposible la reconciliación. Y tenías la sensación de que había cosas en tu vida que no tenían solución. Pero Jesús te dice: “Tu corazón está unido a mí como el nuevo caucho del Dr. Leibler. Te he creado a imagen mía y unido a Mí. Los enlaces de hidrógeno son los pequeños puentes que unen tu corazón con el Mío. Cuando te alejas de Mí como el hijo pródigo, cercenas los enlaces, pero Mis brazos... ¡y los tuyos! quedan abiertos, a la espera del retorno. Cuando vuelves a Mí, Mi abrazo es como la presión paciente y reposada de los dedos del Dr. Leibler con su caucho. El abrazo restaura la unión del fragmento (el sarmiento de caucho) y la fuente del caucho (la vid)”. “Y otro tanto pasa con el amor a tus hermanos. Cuando vuelves a ellos y los abrazas, Yo pongo Mis brazos alrededor de vosotros para restaurar el caucho, porque solos no podéis restaurar elamor, como el cauchodel Dr. Leibler no puede restaurarse sólo. Hacen falta los “dedos del doctor”. Os hace falta Mi abrazo. Pero no temáis, mirad la Cruz. Yo tengo para vosotros los brazos preparados y abiertos ¡siempre!”
Un fuerte abrazo de vuestro, Peregrino Ruso Las "otras" parábolas de JesúsA veces escucho una expresión que no deja de llamarme la atención: “Si Jesús estuviera aquí diría o haría ésto o aquello”. Sé que quien así habla se refiere a una Presencia como la del tiempo de los apóstoles, pero la frase esconde una trampa sutil: pareciera que el Señor no está “hoy” con nosotros, o que nos habla por correspondencia. La realidad es que Jesús está con nosotros aquí y ahora realmente. Él mismo lo ha dicho:“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). El Señor está con nosotros... en la Eucaristía, en la Iglesia, en la Palabra, en los hermanos. Y está continuamente hablándonos del Reino en parábolas. Como fino observador, además de las que nos propone en la Escritura, “inventa” otras observando con minucioso amor nuestra propia vida cotidiana. Basta estar un poco atento para descubrirlas. A veces nos las cuenta como el padre a su hijo antes de dormir. A veces las deja escritas, siempre "a mano", en el corazón. Son artesanales, personalizadas. Y nos deja a nosotros la opción de “publicarlas” con nuestra vida, para que otros las conozcan. Yo quiero compartir con vosotros las que voy encontrando en ese "hueco de árbol" que es mi vida. Un abrazo de vuestro hermano... El Peregrino Ruso Con la fuerza de la oración (y no es una metáfora)
En estas semanas de peregrinación he podido experimentar día a día cómo la oración es mi fuerza, tanto para amar como para el hecho mismo de correr. "Sé" que no son las endorfinas que se activan con el ejercicio, ni la forma física mejorada con los kilómetros recorridos .... Os lo digo porque lo estoy viviendo: La oración me da alas para correr. Cuando corro para honrar a Dios experimento lo que dice Pablo: "No soy yo... es Cristo quien vive en mí". Es Cristo quien "corre" en mí y conmigo. Pero quiero ofreceros al respecto un testimonio mucho más alto que mi pequeña peregrinación. Más alto, más fuerte y más hondo:
La terrible colisión que sufrió el submarino Pacocha por el carguero japonés “Hyowa Maru” en la costa peruana, trajo consigo una historia que, tras un año de silencio, llegó hasta el Vaticano para ser investigada durante 13 años. Este testimonio fue el del oficial de la Marina de Guerra peruana, Roger Cotrina Alvarado, quien, implorando a la hermana Marija Petkovic, logró cerrar con fuerza descomunal la compuerta que permitía el ingreso de agua al compartimento del submarino. Lo hizo con la fuerza... de la oración
La noche del 26 de agosto de 1988 el submarino Pacocha, de la Marina Peruana, fue impactado por una embarcación japonesa; el daño producido hizo que el submarino se hundiera. Solo 25 tripulantes lograron escapar antes que la nave se fuera a pique. Tras la muerte del capitán, el teniente de navío, Roger Cotrina, tomó el mando entre el desmesurado esfuerzo por salvarse. Los 22 marinos atrapados luchaban contra la presión del agua que inundaba la nave de mil 870 toneladas. Durante el desastre, el teniente y los demás sobrevivientes, se parapetaron en los puntos donde el agua no había dado lugar. Cotrina estaba preparado para morir, lo presentía entre la oscuridad y los desesperados gritos de la tripulación. En ese momento, recordó la estampita de la religiosa que alguna vez había recibido: una luz le indicó el camino a la compuerta por donde ingresaba el agua con una furia que sólo el mar posee. A fuerza de pulso e implorando a la hermana Petkovic su ayuda, logró cerrarla en la profundidad del océano. Para esto, dada la profundidad y la presión del agua, Roger desarrolló una fuerza sobrehumana capaz de levantar cinco toneladas, según determinaron los investigadores.
Roger Cotrina conoció a la hermana Marija Petkovic mediante el libro “Testimonio de Amor”, que recibió de manos de una hermana de la congregación durante un periodo en el hospital. Un religioso croata realizó la traducción al español de este ejemplar que contenía la biografía de la beata y los inicios de su congregación “Hijas de la Misericordia”, pero fue el afán por ayudar a los pobres del mundo lo que verdaderamente impresionó al marino. La Curia Militar Peruana consideró el hecho como un milagro. El caso ingresó a la Congregación de las Causas de los Santos, que fue investigado en un largo proceso que duró 13 años. En Roma el caso fue declarado como un acontecimiento inexplicable “en los modos según la razón y ciencia”, por la manera inefable con la que el marino logró cerrar la compuerta. Juan Pablo II beatificó a la hermana Marija, el 6 de junio de 2003, en la ciudad croata de Dubrovnik. Es la primera beata de Croacia. El marino peruano se presentó con su uniforme de gala para ser testigo del reconocimiento de quien fuera la salvadora de los hombres de mar.
La Beata María de Jesús Crucificado Petkovic fue generosa con los niños huérfanos víctimas de la guerra (Croacia), y guía de varias asociaciones que se ocupaban de alfabetizar a los pobres. En los años 20 se inició la congregación “Hermanas de la Misericordia” (www.figliedellamisericordia.org). Como Superiora General, guió y fundó varias instituciones para niños necesitados y ancianos. Vivió en América Latina y su sueño, que no logró por la guerra, fue el de conocer el Perú, donde fundó, desde Roma, un hogar y un colegio para niñas llamado “Nuestra Señora de la Misericordia”.
El teniente Cotrina nos muestra que la fe mueve montañas... y escotillas de submarino con medio mar encima. ¿Cómo no moverá las pequeñas dificultades que nos salen al paso?
Un abrazo desde la ruta y que Dios os bendiga.
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